Al amanecer

Participación en el concurso de Zenda Libros patrocinado por Iberdrola, escribiendo entre 100 caracteres y 1.000 palabras un texto donde apareciera la palabra “amanecer”. Me enteré el día antes de que se cerrara el plazo así que hice algo rápido y, para mí gusto, para nada bueno. No gané, pero aquí lo dejo para quien lo disfrute.

 

Imagen promocional del concurso.

 

Género: Fantasía, Texto rimado

Número de palabras: 343

Lectura recomendada para todos los públicos.

 

ribete fin de parrafo blog arriba

 

Siempre estaba aquello rodeando su casa
mas la niña nunca llegó a verle la cara.
Su madre siempre la protegía,
pero salir de su hogar no podían.

No quería que lo mirara por la ventana,
la pequeña obedecía y lo evitaba.
El frío que emitía era intenso y les dolía,
la pequeña lloraba y luego se escondía.

«Sus dientes son como cuchillos
que cortan el hierro más que el hilo.
Sus manos son más frías que el hielo,
pero lo que helará tu sangre será el miedo.»

Así le advirtió su madre el día que de ello se cansó.
La apremió aquella noche y la pequeña así huyó.
«Llega al claro sin mirar atrás.
Por la mañana me verás llegar.»

La sombra la cubría por la noche
y así corriendo atravesó el bosque.
«No más vivir en esa casa,»
pensaba mientras escapaba.

«Con el sol apareceré,
mi niña, al amanecer.
Confía en que te seguiré
cuando lo haga desaparecer.»

La niña llegó a un claro donde esperó,
donde a cada minuto más se impacientó.
No tenía ningún cobijo,
mas ya no tenía frío.

«Con el sol apareceré,
mi niña, al amanecer.»
Al amanecer, al amanecer,
las palabras no iban a desaparecer.

«¿A quién esperas aquí tan sola?»
Salió una voz de ninguna boca.
«Bien seguro que vas a perecer.»
Se escuchó en un tono cruel.

Se encogió y cerró los ojos.
No debía mirar su rostro.
«Al amanecer, al amanecer.
Con el sol apareceré.»

El aliento fétido le lamió la cara.
Negó con su cabeza aún acurrucada.
El frío volvía a penetrar en su piel.
«Apareceré, al amanecer.»

Un golpe a su lado se escuchó
y junto a ella la tierra tembló.
La voz de su madre le susurró:
«Mírame a los ojos, mi corazón.»

La niña miró al suelo asustada.
Ella sabía que podían engañarla.
«Cariño mío, soy yo.
Por fin todo se acabó.»

Pero con esa voz no lo pudo evitar
y levantó la cabeza sin más dudar.
Se fijó en sus ojos como había pedido.
Ni siquiera aún había amanecido.

 

ribete fin de parrafo blog abajo

 

Nerea Luray, mayo 2016
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