Las aventuras de Yen – 2

Seguimos con la segunda entrega de mi relato por fascículos donde vosotros elegís el destino de nuestra protagonista al más puro estilo “elige tu propia aventura”. Yen, una joven mercenaria, viaja a través del bosque para cumplir uno de los peores trabajos de su vida, pero se encuentra demasiado cansada.

Cada dos semanas se publicará (simultáneamente aquí y en mi Patreon) un nuevo fragmento de la historia, y desde cada entrega hasta una semana después de su salida, mis mecenas de Patreon podrán elegir cuál será el destino de Yen votando en una encuesta con cuatro posibles opciones. No dudes en apuntarte si quieres ser uno de los dueños del destino de Yen.

 

Las aventuras de Yen – 2

Después de pensarlo unos segundos, Yen decidió sentarse en la roca y darse un respiro. Tampoco quería tardar mucho en retomar su camino, pues al fin y al cabo, tenía demasiadas ganas de llegar a la casa de la bruja para acabar con aquel asunto.

Era tan cómoda como había imaginado, aunque después de la larga caminata cualquier asiento le habría parecido agradable.

Sin esperar más, sacó de su mochila la bolsa con sus provisiones. Un pequeño tentempié le ayudaría a continuar después, y mientras tanto, podría disfrutar tranquilamente del claro en el que estaba y los árboles que lo rodeaban. O eso creía ella.

Un extraño canto de un pájaro la obligó a mirar en la dirección desde la que provenía. Era similar a un tucán, pero con el pico de mil colores diferentes a la vez y el plumaje de un rojo brillante. Desde una rama, no demasiado alta, observaba a Yen mientras canturreaba de vez en cuando antes de volver a sumirse en un breve silencio.

La joven lo observó algo sorprendida al principio, pero con sincera curiosidad después. Quizá era un animal común de aquella zona de la jungla, por mucho que ella no lo hubiera visto antes. Cierto era que no solía aventurarse tan lejos de la civilización, pero el encargo que la bruja le había prometido se le antojaba demasiado jugoso como para considerar siquiera rechazarlo.

Mientras Yen terminaba su merienda siguió mirando al ave y escuchando su canto sintiéndose, de alguna manera, cada vez más incómoda. Sentía como si el propio animal le devolviera la mirada con la misma intensidad con la que ella se la dirigía. ¿Pero era eso posible? Los animales no tenían esa clase de conciencia, debían ser imaginaciones suyas.

“Qué extraño”, pensó para sí. “¿Por qué habrá venido a canturrearme así? ¿Acaso querrá que le dé algo de mi comida? ¿No la hay en esta jungla?”

Y algo inesperado sucedió después. Una voz estridente, de la cual Yen no estaba segura de dónde provenía, le dijo:

–Sí, un bocado de eso que tienes entre las manos no estaría mal.

Con los ojos como platos, Yen le sostuvo la mirada al tucán carmesí. ¿Había sonado eso en su cabeza? Ella tampoco había hablado en voz alta, ¿o sí? ¿Sería alguna especie de magia de la bruja que los animales pudieran hablar, o comunicarse con ella telepáticamente, o leerle la mente siquiera?

De repente, la merienda no le sentó nada bien.

Nerea Luray, junio 2017

Vota lo que ocurrirá a continuación en mi página de Patreon hasta el día 9 de julio. La siguiente entrega se publicará el 16 de julio.

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