Microrrelatos – 5

Quinto microrrelato de la serie, este de nuevo futurista, pero con más aliens y menos robots.

Este es uno de los que más me gustan hasta ahora. Espero leer vuestras opiniones. Acepto comentarios tanto aquí como en Twitter.

 

V.

Ya era bastante tarde, al menos como para deambular solo por la calle o para hacer visitas, pero no tanto como para haberse ido a la cama. Casi. De hecho, Barry estaba lavándose los dientes antes de acostarse, todavía con la tele de su habitación puesta de fondo. Por eso se extrañó tanto cuando escuchó el timbre.

Se enjuagó, escupió y se secó la boca y la barba en una toalla. Bajó al trote las escaleras hasta el piso de abajo y se dirigió a la puerta de entrada. Parecía que Hannah no se había percatado de nada, pues seguramente andaba con los cascos puestos.

Cualquier otra persona, a aquellas horas de la noche y en los tiempos de violencia callejera que vivían, no habría abierto la puerta o habría cogido un arma, por si acaso. Pero Barry no era de esa clase de persona, Barry no se metía en líos, se mantenía alejado de las disputas entre terrestres y alienígenas. No se había granjeado la enemistad de nadie, aunque su hija ya…

Abrió la puerta sin preguntas siquiera, estaba muy convencido de la seguridad de su barrio. Sin embargo, lo que vio tras ella, no era lo que esperaba, reflejando su sorpresa en cada arruga de su rostro.

—Bu-buenas noches, señor Wosh… —saludó tímidamente el visitante con una voz grave y vibrante.

Deimon era algo más bajo que Barry, por lo que no le era difícil apartar la mirada hacia el suelo. No tenía pelo y su piel era muy oscura, casi negra, pero algo verdosa. Tenía dos pares de rodillas, o eso creía Barry, cada par doblado en una dirección. Tenía cuatro dedos en cada mano, dedos gruesos y porosos. Sus ojos, enormes, rehuían su mirada de enormes pupilas y dobles párpados. Sus manos se movían nerviosas sin saber a dónde agarrarse.

Estaba hecho una pena. Sus vaqueros estaban totalmente roídos y desgastados, y la camisa mostraba manchas de barro y algo que Barry no quiso pensar que fuera sangre. Llevaba una pequeña mochila colgando de un hombro, tan vieja y rota como todo lo que llevaba puesto.

—Deimon… ¿Qué haces aquí? —Preguntó Barry intentando parecer tranquilo, pero no pudo evitar echar un vistazo a su silenciosa calle, donde las farolas no mostraban a nadie y solo los grillos y los televisores de sus vecinos rompían el silencio.

—Señor Wosh, por favor, no tengo a dónde ir —respondió el extraterrestre con voz queda—. Yo… Me buscan por todas partes y…

—Deimon… —empezó a decir Barry con el tono que precede al rechazo.

Por primera vez, el alienígena alzó la vista, desvelando en sus ojos el miedo.

—Por favor, no le molestaré en absoluto. Sé que aquí no me buscarán, pero necesito esconderme hasta que la nave parta. Yo… —hizo un amago para coger las manos de Barry, pero este las apartó inconscientemente, y Deimon no se molestó—. Nunca le pediría nada si no fuera realmente importante. Usted sabe lo mucho que lo aprecio. Por favor, no volveré a pedirle nada…

Barry se pasó una mano por la barba mientras suspiraba pesadamente.

—Está bien —respondió finalmente apartándose para dejarle sitio—. Pero tendrás que irte mañana.

El joven no pensaba que fuera suficiente, pero no se atrevía a pedir más.

—Muchísimas gracias, de verdad —contestó con una sonrisa en los labios—. Le debo la vida.

El hombre simplemente asintió y suspiró con cansancio, cerrando la puerta tras ello mientras se pasaba una mano por el pelo.

En ese momento escuchó a Hannah bajar las escaleras a toda prisa. En cuando vio a Deimon sus ojos se abrieron como platos.

—¡Deimon! —Exclamó mientras bajaba los escalones que le quedaban y corría hacia los brazos del alienígena—. Me tenías preocupadísima.

El joven le devolvió el abrazo con una pequeña y sincera sonrisa.

—Estoy bien. No te preocupes —se separó para mirarla a los ojos—. Solo… necesito esconderme un poco.

Hannah se giró hacia su padre con los ojos muy abiertos, como si no creyera del todo que hubiera accedido a dar cobijo a su amigo, aunque fuera por poco tiempo.

—Un poco —repitió Barry levantando un dedo como advertencia—. Mañana se marchará. Temprano. Así que más vale que os acostéis cuanto antes.

La muchacha asintió sin esconder su entusiasmo y tiró de la mano de Deimon dispuesto a subirlo a su habitación.

—Eh, eh, eh —la detuvo su padre—. No vais a dormir juntos.

Hannah resopló.

—No vamos a hacer nada —suspiró ella con hastío.

Barry no contestó, tan solo miró duramente a su hija antes de despedirse de ellos hasta el día siguiente.

Pero Deimon y Hannah apenas durmieron. Él evitó decirle que se marcharía en unos días en una nave. Odiaba las despedidas. Mientras, ella, como siempre, le hacía disfrutar en su compañía de una buena sesión musical.

Sentados los dos en el suelo, apoyados en la cama, mirando el techo en la penumbra mientras sonaba DeVotchKa, Hannah escurrió su mano hasta alcanzar la de su amigo y la acarició de manera reconfortante.

—Sabes que no ha dicho eso porque, ya sabes, seas un extrasolar -susurró muy despacio, como si no quisiera perturbar ni la música ni la noche—. Es solo que… bueno, estoy en esa edad en la que a mi padre le preocupa que me junte con chicos —explicó con una sonrisa divertida buscando la mirada de Deimon.

Este se la devolvió algo distraído y asintió. No la creía del todo, a pesar de que siempre quería creer lo mejor del señor Wosh. Pero no dijo nada, tan solo acarició de vuelta la mano de su amiga.

—Gracias por esta noche, Hannah. Ojalá todos los extrasolares tuvieran amigos como tú.

La joven sonrió enternecida y tampoco añadió nada más. Dejó que la voz de Nick Urata los abrazara el resto de la noche hasta que la mañana los obligara a despedirse.

… You’re the one I would take with me. It’s the perfect place to be, with a girl like you. If you wanted to, we could leave right now…

Nerea Luray, julio 2017

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