Microrrelatos – 7

Séptimo microrrelato de la serie. Ya sabéis que al final paré las publicaciones la segunda quincena de agosto, pero ya estamos de vuelta. Recordad que si os gustan estas historietas podéis contribuir a mi producción convirtiéndoos en mis mecenas.

En mi mundo de elfos, enanos y cíclopes el tiempo también pasa hasta llegar a la época moderna. Otro relato de fantasía, o quizá de ciencia ficción. Podéis decidirlo vosotros. Acepto comentarios tanto aquí como en Twitter.

 

VII.

Lur puso el ojo en blanco, casi sin darse cuenta, ya cansado de las impertinencias de su actual clienta. Por enésima vez le explicó que no podía imprimir con más de una tinta en el papel que ella quería, ofreciéndole muchos otros similares de menor gramaje. Pero la mujer no daba su brazo a torcer.

Cuando estaba a punto de mandarla a tomar viento, el ojo rubí de su amiga Clen y su amplia y dentada sonrisa aparecieron en el cristal del escaparate, saludándole con la alegría de siempre. Gracias a eso decidió no discutir más con la clienta, a pesar de ponerse algo nervioso. Pero siempre se ponía nervioso en presencia de Clen.

Justo antes de que su amiga entrara en la tienda, la señora comentó algo sobre hablarlo con su marido y se marchó sin apenas despedirse. A Lur le daba igual, ya tenía su ojo fijo en Clen, dibujando una sonrisa algo idiota, aunque tímida.

—¡Hola! —Saludó ella alegremente después de hacer espacio a la mujer para que abandonara el local—. Vengo a traerte una noticia increíble, Lur —añadió con el ojo brillante.

Lur empezó a guardar algunos de los papeles que le había enseñado a la clienta, intentando no mirar a Clen directamente al ojo para mantenerse sereno. Esta se lo quedó mirando, pues le encantaba ver esos cacharros donde Lur dejaba los papeles de manera vertical en su superficie acristalada y el vidrio los absorbía poniéndolos de nuevo en su lugar, en el interior de la vitrina inteligente.

—Oigámosla —contestó él con una sonrisa divertida—. Tú haces de cualquier cosa una noticia increíble.

Clen agitó las manos frente a ella y negó con la cabeza.

—No, no, Lur, escúchame, esto es de verdad. Presta atención —le instó mientras apoyaba ansiosa sus manos sobre el mostrador.

—Te estoy escuchando —dijo él sin poder evitar que su perenne entusiasmo se le contagiara siempre y le llenara de una curiosa calidez hogareña.

—No, no, mírame, Lur —pero no esperó a que se girara—. ¡Kan está embarazado!

A Lur casi se le cayeron los papeles al suelo del sobresalto que tuvo. Se giró y abrió mucho el ojo, totalmente sorprendido.

—¿¡Qué!? —Exclamó—. Pero… ¿cómo…? Yo creía… —se detuvo, pensando que las preguntas tenía que hacerlas en orden—. Un momento —dejó los papeles en el mostrador de nuevo y frunció la frente, pensativo—. Es de Rono, ¿verdad?

Clen asintió con la cabeza, emocionada.

—Fue Rono quien me lo dijo, ¡y se le veía tan contento!

—Pero… ¿No…? ¿No van a casarse?

Clen se rio con esa voz dulce y cantarina que tenía.

—Ya sabes cómo son, no creo que lo hagan.

Lur parecía desilusionado. Cogió de nuevo los papeles y siguió ordenándolos.

—Vaya, me hacía ilusión asistir a alguna boda pronto… Y parece que fue ayer cuando íbamos con Kan al colegio…

Clen se alzó de hombros, aún apoyada en el mostrador, balanceándose un poco sobre él. Nunca podía estarse quieta.

—Bueno… seguro que no escasearán las bodas, ¿no? —Preguntó con voz algo melosa mientras su ojo miraba alternativamente los papeles que aún quedaban frente a ella y las manos trabajadoras de Lur—. Parece que lo tuyo con Ara va muy bien, ¿no?

Lur se sonrojó un poco y apartó la mirada, colocando otro papel sobre otro cristal, esperando los segundos que tardaba en desaparecer antes de coger el siguiente. Se alzó de hombros intentando aparentar tranquilidad.

—Bu-bueno… y-ya sabes… —tartamudeó nervioso—. Sí… va bien… —comentó mirándola un segundo de reojo.

Clen no sabía bien dónde había metido la pata, pero algo le decía que tenía que ver con ella y no sabía cómo sentirse, ni quería pensarlo en ese momento. Apartando la mirada al suelo, carraspeó un poco, tamborileando los dedos sobre el mostrador, algo incómoda y buscando otro tema que abordar.

—Ah… Yo… Eh… ¿Qué te parece si… les hacemos una visita un día de estos? —Consiguió formular con una sonrisa algo torcida.

Lur alzó la cabeza para mirarla, algo confuso, poniendo la mano sobre otro montón de papeles para llevárselos, pero aún quieto esperando una aclaración.

—A Kan y a Rono. Sé que les hará ilusión —explicó sonriente.

—Ah… sí, claro —asintió Lur—. Me parece perfecto.

—¿Sabes? Podrías hacerles una felicitación, por el bebé… —añadió Clen mientras bajaba la mirada y rozaba, puede que accidentalmente, la mano de Lur que tenía posada sobre los papeles.

El joven se sonrojó de nuevo. Miró un instante sus manos y luchó contra su instinto para no apartarla.

—Me parece una buena idea —contestó en una voz más baja sin darse cuenta, levantando de nuevo su ojo hacia ella—. Una grande, que cerrada sea como un DIN A4. Con 300 gramos creo que quedará bien —Lur colocó un par de papeles frente a su amiga—. ¿Cuál crees que quedará mejor?

Clen sonrió de oreja a oreja y, con su ojo clavado en el de él, pasó las manos a tientas por ambos papeles y, de paso, de nuevo un poco sobre la mano de Lur.

—El verjurado, sin duda.

Nerea Luray, julio 2017

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