Las aventuras de Yen – 7

Aquí está la séptima entrega de mi relato por fascículos donde vosotros elegís el destino de nuestra protagonista al más puro estilo “elige tu propia aventura”. Lamento mucho el retraso, pero por motivos personales no pude actualizar cuando estaba programado. Yen, una joven mercenaria, viaja a través del bosque para cumplir uno de los peores trabajos de su vida: entrar en unas peligrosas ruinas para buscar un artefacto para una bruja.

Cada dos semanas se publicará (simultáneamente aquí y en mi blog) un nuevo fragmento de la historia, y desde cada entrega hasta una semana después de su salida, mis mecenas de Patreon podrán elegir cuál será el destino de Yen votando en una encuesta con cuatro posibles opciones. No dudes en apuntarte si quieres ser uno de los dueños del destino de Yen.

 

Las aventuras de Yen – 7

Yen no parecía muy convencida ante ninguna de las respuestas de la bruja, pero necesitaba el dinero, o ese creía en aquel momento. Se consolaba pensando en las cosas que se había enfrentado alguna vez, en otros encargos, y que aquellas no serían las primeras ruinas que visitaba, con criaturas, maldiciones, o peligros de cualquier otro tipo. Siempre iba a haber desafíos mayores a los que enfrentarse, pero Yen aún no había conocido su límite. Así pensó que, quizá, aquel no fuera el trabajo que se lo descubriera y valía la pena seguir adelante.

Pero, para estar más segura, había algo concreto sobre lo que quería preguntar:

–¿Cuál sería el pago? –Formuló de manera contundente mirando a los ojos ancianos de Inis.

La bruja rio por lo bajo, nada sorprendida ante la suspicacia de la joven.

–Por supuesto, todo trabajo tiene un pago –empezó a explicar mientras se acercaba a un mueble abarrotado de hierbas, extraños líquidos en tarros y lo que parecían calaveras de algunos animales del bosque.

Yen la miró con una ceja levantada pensando que, si el pago era una ardilla disecada, desde luego que aquello habría sido una pérdida de tiempo.

La anciana tardó apenas dos segundos en encontrar, en uno de los cajones de aquella extraña alacena, lo que tenía preparado. Era un saquito de cuero, lo suficientemente pequeño como para cogerlo en la mano y lo suficientemente grande como para no poder cerrar el puño con él dentro. Lo puso sobre la mesa, bien cerrado por unos cordones, pero a Yen no le hizo falta preguntar qué había dentro o asomarse a su interior: conocía bien el sonido del dinero.

Tras observar los movimientos seguros de la bruja y dejarla colocar el pago sobre la mesa, Yen levantó la cabeza para mirarla a los ojos y asentir levemente.

–Cuando vuelvas con la fuente de poder te daré otra igual –explicó la bruja mientras Yen abría bien los ojos demostrando un asombro que hubiera preferido ocultar mejor–. Y quizá una propina -añadió con una extraña sonrisa, algo que hacía sospechar, algo que a cualquiera le hubiera dado a entender que esa propina, probablemente, no fuera dinero.

Pero Yen no se dio cuenta de ella, ni de mucho más de lo que pasó en aquellos segundos. Sus ojos y su mente estaban fijos en ese dinero prometido, todo lo demás dejó de importarle. Con un pago así tendría la vida solucionada por muchos años, se decía. Podría darse a la buena vida, sin preocupaciones, con excesos y sin obligaciones. Esa Yen del futuro que aparecía en su mente ocupaba todos sus pensamientos en ese instante.

–¿Qué me dices? –La interrumpió la bruja en sus pensamientos.

La joven mercenaria no se lo pensó mucho más. Se puso en pie y tomó la bolsa de dinero, que guardó en su mochila. Con mirada determinada, le tendió un mano a la bruja, que esta no estrechó. Durante un segundo miró su mano, después a Yen, y finalmente se dio la vuelta para volver hacia su caldero.

–Tarda el tiempo que quieras, pero hasta que vuelvas, la noticia de que la bruja del bosque necesita un trabajo hecho seguirá por los alrededores. Quizá venga otro aventurero a ocupar tu lugar que tenga más éxito que tú –advirtió.

Yen apartó su mano y consideró durante unos breves segundos lo que acababa de oír.

–De acuerdo –aceptó finalmente.

Acto seguido, una puerta apareció en una pared cercana, en un visto y no visto, sin avisar. Yen se preguntó si siempre había estado ahí y ella no la había visto.

–Buen viaje –le deseó la bruja con una mirada quizá traviesa.

Y cuando Yen parpadeó, toda la casa había desaparecido a su alrededor.

Nerea Luray, octubre 2017

Vota lo que ocurrirá a continuación en mi página de Patreon hasta el día 15 de octubre. La siguiente entrega se publicará el 22 de octubre.

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